viernes, 8 de noviembre de 2013

¿Qué decir ahora de Venezuela?

 Hola mis "queridos lectóres":

Ya es hora de hacer un nuevo balance en la historia de nuestro país hermano, ese reducto de bendiciones, en el que según parece cielo e infierno se fijaron por igual.

Desde hace quince años, Venezuela ha sido saqueada, dilipendiada, torturada, y escarnecida bajo la innominiosa dictadura castro comunista; pero igual que todos los horribles azotes de éste mundo nueestro, desde que el hombre existe, no es un mal eterno; por mucho que parezca durar tiene un final, que dicho sea de paso, parece próximo.

Todos los que leeis mis escritos, ya sea en éste blog o en facebook, sabeis lo que pienso sobre el devenir político de Venezuela; el cual por decirlo de manera sencilla, parece que no exista siquiera; pues es necesario considerar en primer lugar para poder señalar tal "devenir", que se haya producido un progreso lento y metódico desde el inicio. Recordémos aquél 4 de febrero de 1992 y comparemos ese momento con lo que vive hoy el "país tricolor"; ¿Se preodujo ésta evolución necesaria para dotar de sentido la presunción de un cambio?

Resulta más que evidente que así ha sido, para aquéllos abnegados seguidores de Henrique Capriles Radonnky,  aunque todos guarden silencio, cuando se les pide que expongan los motivos conductores en tal creencia; pero po otro lado, quienes osen una vez más mirar de frente, con los ojos abiertos y la mirada directa, hacia la caótica realidad, que covnulsiona entre estertóres agónicos de mediocridad y locura, si ha habido algún cambio ha sido necesariamente para dirigir el país hacia una catástrofe atroz e irreversible. ¿Cual es entonces la verdadera perspectiva con la que hemos de afrontar el cambio, si la situación actual merece tal calificativo, que ha experimentado la política y sociedad de Venezuela?

Venezuela entre Maduro y Cariles... ¿Por última vez?

Maduro, el "hijo"políticamemente heredero del difunto Chávez, ha conducido con mano fuerte y paso firme el país a la desesperanza, al hambre, a la inflación, a la necesidad más excecrable, y sigue siendo presidente... ¿porqué? ¿será que en verdad le asiste una fuerza sobrehumana, que se obstina en fijar su "trono" en la cima de la estupidez y la decadencia;? ¿qué aportaciones ha tennído desde el 14 de abril pasado? Dias antes de esa hisórica fecha, que será siempre recordada como el más infame engaño electóral,  Maduro alcanzó en éxtasis de "oración" su primer contacto con lo imposible, ya entonces comenzó a desvelar sus dotes mediumnicas estableciendo contacto con el espiritu del fallecido Hugo Chavez, quien adorptó para "aparecerse" a su "apóstol" la forma de un "pajarico chiquitico"; a partir de ahí todo fue "cuesta abajo"· con velocidad de vértigo, Maduro no sólo siguió "contactándo" sino que sus místicas inspiraciones  eran cada vez más ridículas, por citar algunas de las más extravagantes crea el "Ministerio de la Suprema Felicidad" cuando su país carece de los productos básicos pra el susteto o la higiene; y ¿cómo no? adeleantar la Navidad;  ordena instalar  defensas antiaéreas en los barrios de Carácas, con el fin, sgún dice, de protegerlos del ataque imperialista.

Con el dichoso "ataque" , que hutiliza como excusa, tras agotar otro de sus "refritos": la amenaza de "magnicidio"  sólo consigue alentar la mofa y provocar carcajadas entre los. hasta entonces, más leales "servidores" de la causa. ¿y que causa es esa? "la revolución bolivariana" ya parece cosa del pasado; ahora ya no se la llama "revolución" sino "robolución" y desde luego Bolívar nada tiene que ver con ese "bolivarcito" que Chavez vendió en su momento, enlatado y a precio de baratija oxidada.

Nada puede esperarse de un "presidente" nombrado a golpe de fusta por los "vivos" que le quedában al muerto; Ahora Venezuela espera con ansia otra fecha el 8 de diciembre. En ella cifran su esperanza de salvación quienes se atreven a soñar con el mañana; vuelven a confiar su sueño a Henrique Capriles, sin otra alternativa posible. Tal vez sea eso lo que salve a Venezuela, no tener que decidir entre alternativas confusas; poder seguir un sólo camino que permita de una vez por todas evaluar si se hizo lo correcto, o si volvieron a cifrar sus espernza en una "estampita" de papel cliché que no supo parar el desastre a tiempo.